Brexit, ¿Qué Pasa con los Inmigrantes?

Brexit, ¿Qué Pasa con los Inmigrantes?

Nadie pensó que el Brexit se pudiera hacer realidad y tampoco que sacara la vena rancia del racismo en un país que hasta ahora destacaba por su multiculturalidad.

Estos años viviendo en Londres, una de las especialidades que he cultivado ha sido el estudio de la mente inglesa. Sin duda, todos los que hemos pasado más de un año viviendo en su territorio, podemos tener una idea aproximada de cómo son, cómo piensan y qué aspectos les hace diferentes, les denomina como británicos.

Pero al trabajar en marketing, y en muchos de los casos en el sector de la hostelería, el contacto con el público objetivo es más estrecho y por lo tanto, el éxito… o fracaso de una campaña es más evidente que en otros ámbitos. Como puedes imaginar, si todas las mesas no están llenas o los beneficios son inferiores a cursos anteriores, has fallado y eso se descubre con una ojeada a la sala o con un click en el programa de gestión. 

De ahí que los primeros años en Londres, me obsesionara con entender a los British y crear un mapa que definiera las fichas mágicas que pulsar para que los mensajes llegaran y persuadieran. 

Y entonces apareció el Brexit y se llevó de un manotazo todo lo que creía saber del pueblo inglés.

Brexit memorias del blazax

El Brexit en la Calle

Cuando se anunció el referéndum, en las mesas de los pubs, en las conversaciones en el autobús o en la oficina, todos pensábamos lo mismo que Cameron cuando dio vía libre a la votación: quién en su sano juicio estaría en contra de cerrar las puertas a la economía y cultura global, que identifica por encima de todo, al menos por ahora, al siglo XXI. Yo me apoyaba en su practicidad, su sentido común por encima de las emociones y visión analítica.  Me equivocada.

En la decisión del Brexit son dos conceptos principales los que se han puesto encima de la mesa.

Por un lado el alma patriótica de este país que se enorgullece de ser una isla y funcionar como tal. Por otro, la estabilidad económica.

Para un romántico del siglo XIX la resolución hubiese sido una victoria total, una autoafirmación de que lo importante es la esencia de la nación y por lo tanto, hay que salvaguardarla frente a lo extranjero.

Los británicos han votado con el corazón de un romántico que desea los privilegios que el siglo XXI ofrece

Escuchando con atención los diferentes puntos de vista que me he encontrado en estos más de tres años desde el referéndum, incluso en quienes están en contra del Brexit, veo un denominador común: hace muchas décadas que la población no se enfrenta a una crisis económica. A baches, sí, a rachas malas, también, seguro que muchas. Pero una crisis de igual envergadura que la que sufrimos los países mediterráneos, de ese tipo, no.

Con esto no pretendo augurarles una catástrofe financiera e incluso es muy posible que el carácter inglés les empuje a salir fortalecidos de cualquier debacle pero, y siguiendo su propia decisión, tendrán que hacerlo solos y en el caso de asociarse, como puede ser por ejemplo con Estados Unidos, la presión a ejercer será menor. Sin olvidar que tal vez los próximos presidentes no estén tan a favor de los populismos como en el caso de Trump.

A partir del 29 de marzo… o el 12 de abril… o el 22 de mayo… o el 1 de enero, mis vecinos ingleses y los emigrantes extranjeros que cohabitamos con ellos, cruzaremos una puerta hasta ahora inexistente en donde nadie, por el absurdísimo de la idea, se había adentrado antes.

Lo triste, incluso por encima de las complicaciones económicas que puedan surgir, es descubrir que una de las ciudades que hasta ahora era más tolerante con la multiculturalidad, poco a poco, al ritmo que andan los gigantes, también se está transformando en un antagonismo.

Brexit memorias del Blázax

¿Qué ha cambiado desde el Referéndum?

Desde hace varios años, prácticamente todos los extranjeros, nos hemos visto discriminados.

Por supuesto que no son casos dramáticos como esas noticias aisladas que hablan de violencia en las calles o en el transporte público, yo no he vivido ni conozco a nadie que haya sufrido ese tipo de agresiones.

Pero sí diferentes precios a productos en los comercios locales dependiendo de si eres inglés o no, repetir hasta la saciedad winepint, Pimm´s, beercider… en pubs de barrio porque supuestamente no te entienden, cuando son los términos que más hemos repetido desde que llegamos al país y cuya pronunciación es excelente. 

Hablar muy bajito en el transporte público cuando no utilizas el inglés porque siempre hay miradas extrañas, miradas que son parecidas a las que surgen cuando adolescentes ingleses de los barrios bajos arman jaleo. Con la diferencia de que a nosotros no nos escucha ni nuestro compañero de asiento y a los jóvenes se les oye incluso en el piso de abajo.

Y una de las últimas propuestas del gobierno y que da la razón a la presión social existente, es el pago obligatorio si queremos ser residentes con derecho en el Inglaterra

Para solicitar la residencia permanente tenemos que pagar 65 libras (alrededor de 74 euros)

El Goverment en su página oficial indica bien entre paréntesis que el dinero se devolverá. Y digo que utiliza bien el paréntesis porque solo se reembolsará a aquellos que hayan pedido la solicitud durante el período de prueba, es decir, antes de Marzo de 2019 y que casualidades de la vida, la mayoría de estos solicitantes son funcionarios o trabajadores de estado.

Aunque el reembolso requiere un post solo para él y a pesar de que a simple vista puede parecer poco dinero, si analizamos los números, tenemos a más de 3.3 millones de comunitarios censados solo en las embajadas, por lo que es posible que la cifra de aquellos que tienen que pagar sí o sí, roce el doble.

Junto a esto, se supone que aquellos que hayan cotizado durante más de cinco años no tendrán ningún problema, pero después de pagar religiosamente la seguridad social, el Council de la vivienda (una cuota mensual similar a la comunidad en España) e incluso dedicar una parte de la nómina a la pensión, después de cinco años creyendo que éramos uno más aquí, resulta que tenemos que pagar un recargo por no ser ingleses.

Es una lástima que este país, o sus gobernantes, solo apliquen su pragmatismo cuando no les afecta a ellos. Por la parte que nos toca, a los que vivimos aquí como vecinos indeseables, no nos queda otra opción que valorar si realmente merece la pena convivir y contribuir como ciudadano en un lugar en donde ahora la hipocresía y el cinismo parece reinar y ser más evidente que nunca.

Si tu también has notado que la ciudad en la que vives, sea inglesa o no, ha cambiado su punto de vista con respecto a los inmigrantes aunque no exista Brexit, no lo dudes, tu comentario va aquí debajo. Compártelo.


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