El Frenético Ritmo de Londres

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EL Frenético Ritmo de Londres

Cuando comencé la universidad en Madrid, todos los que veníamos de provincias coincidíamos en lo rápido que funcionaba la capital al compararla con nuestras ciudades de nacimiento. Ahora, si mido el ritmo de Madrid con el de Londres, nuestra ciudad española parece un juguete que se acciona por medio de una manivela y Londres una PlayStation.

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Londres tiene una energía que desde un punto de vista humano, roza la insalubridad. Lo que en Madrid podemos considerar una semana intensa, es lo que se vive durante tres días en la capital inglesa. Y es normal, porque cada uno de los más de 8 millones de habitantes que vivimos aquí, contribuimos a la potencia con la que esta ciudad funciona.

¿Cómo se vive en Londres?

Las distancias son más largas, por lo que hay que despertarse antes. Las jornadas de trabajo por lo general son continuas, contribuyendo a aumentar la concentración y producción.

Pocos saben cocinar y aquí la presión social es importante, así que las cenas suelen ser fuera y en compañía.

Alrededor de las diez de la noche, si la velada ha sido corta, se abre la puerta de casa y el momento de irse a la cama está cerca de la media noche. Es en ese instante, cuando no se entiende dónde han ido a parar las horas del día . Y a la mañana siguiente, el mismo patrón.

Este sería el esquema básico del ritmo de Londres, al que hay que añadirle horas de gimnasio, planes de ocio como conciertos o visitar galerías, compromisos de trabajo fuera de la oficina y clubs dedicados a las aficiones. Y el modelo se puede enriquecer más si se tiene familia, porque los niños llevan una pauta diferente pero tan intensa como los adultos.

Sobrevivir en Londres sin Perder el Ritmo

Para sobrevivir en Londres es necesario seguir su ritmo, no es algo opcional, porque si no se respeta el compás al que se mueve, por ejemplo, en el trabajo, lo pierdes, o al menos, queda en evidencia que otros son mejores que tú.

Si no asistes a los encuentros sociales de manera asidua, quedas descolgado, no solo de los eventos increíbles que la ciudad ofrece de manera continua, si no de los amigos, tan necesarios aquí como la familia cuando vivimos en nuestros países de origen.

Londres tiene su propio latido y sus ciudadanos tienen que seguir ese pulso, pero todo ser humano tiene un límite, ¿qué ocurre cuando no se puede dar más?

Se recurre a una ayuda extra, en este caso, las drogas. Hace unos meses aparecía en la prensa del país una noticia que a primera visita saca una sonrisa, pero cuyo trasfondo es tan aterrador como triste.

El artículo hablaba que un estudio por parte del King’s College London habían verificado que las anguilas del Támesis estaban hiperexcitadas debido a la cantidad de droga que se desechaba por las tuberías. Como es de entender, estas substancias habían pasado antes por el organismo de alguien.

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Después de leer esta noticia, comencé a preguntarme cuántos compañeros de trabajo, personas que me cruzo en la calle… cuántos de los que veo en el día a día van puestos.

Durante un mes analicé a la gente que trabaja a mi alrededor e hice preguntas a esos compañeros que sin decirte nada te lo cuenta todo, y vi que con nosotros había gente que tomaba de forma habitual y que era vox populi. Y no, no estoy hablando de un “inocente” peta.

No voy a decir que en España no se consuman drogas, pero esas drogas que se toman en un día extraordinario, o por qué no, todos los fines de semana, aquí, se consumen a diario como si de un chicle se tratara. Y en parte se entiende, ¿quién puede tener una vida equilibrada y mantener el ritmo que Londres exige?, ¿cómo de fuerte debe ser la mente para no escuchar la necesidad de descanso y obviar el estrés, la ansiedad?

Y entonces, volvemos al principio: quizás un tren accionado por una manivela que a los treinta segundos se para y hay que volver a dar cuerda, sea a la larga aburrido, pero, jugar a la Play durante dos días seguidos sin dormir, te nubla la vista y por mucho que cree adicción, llega un momento en que no sabes qué estás haciendo porque tu cerebro está frito.

Según contaba en una anterior entrada, hasta cierto punto se puede ver que es en ciudades grandes como esta, donde las tendencias, incluso las sociales, aparecen antes que en el resto del mundo, para después, poco a poco, ir contagiando al planeta.

Pero, y esto es algo que, al menos personalmente no voy a permitir, es aceptar que la corriente del futuro sea drogarse, medicarse, doparse, todos ellos eufemismos para referirse a una misma cosa: la autonegación de uno mismo para cumplir unas metas que aún no sé muy bien quién las está marcando, si no es la sociedad misma.

Nuestras vecinas las anguilas no dejan de ser un ejemplo simpático y espantoso al mismo tiempo, del daño que nos estamos ejerciendo como individuos y que paulatinamente se extiende a todo ser vivo que comparte su hábitat con nosotros.

El tiempo dirá si el ritmo de vida que hemos elegido como civilización, y sus repercusiones, no terminarán al mismo nivel que la crisis que estamos viendo, y nos queda por ver, debido al cambio climático.

¿Crees que merece la pena saltarse los límites para mantener el estilo de vida que nos estamos autoimponiendo?, ¿en tu ciudad el ritmo se asemeja al de Londres? Tu opinión va aquí debajo. Compártela.


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