La Ciudad de Peter Pan: Londres

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La Ciudad de Peter Pan: Londres

Al igual que Londres, otras mega ciudades como Nueva York o Tokio también podrían definirse como la ciudad de Peter Pan. Aunque a simple vista suena ideal, tras todas las luces brillantes siempre hay sombras alargadas.

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Si hay un sitio en donde se respeta el lema “Vive y deja vivir” ese es Londres. No importa cómo vayas vestido o peinado, aquí se lleva todo y en algunas zonas, cuanto más estrafalario, mejor.

Se comparten mesas con desconocidos que en muchas ocasiones terminan siendo colegas de esa noche, o de esa conversación e incluso amigos duraderos. Si aquí hay una norma de convivencia vital es esa en la que todo está permitido mientras respetes a quienes están alrededor. Londres es la ciudad de Peter Pan sin ninguna duda.

Esa independencia no es solo liberadora, sino que refuerza la identidad de los individuos, lo que ayuda a ser uno mismo con más facilidad que en otros lugares.

Hace unos meses leía un artículo de El País en donde hablando de la importancia de las persianas en nuestro país, en Europa apenas se usan, hacían símiles de cómo nuestra relación con el catolicismo en la historia se ha quedado prendada en la esencia del español.

Esas costumbres y tendencias se hacen aún más latentes si se comparan con las de un lugar anglicano como es Inglaterra.

Gran bretaña ofrece al ciudadano cierta permisividad en sus acciones, sin dar tanta importancia al vecino y dejando a un lado ese lastre que nos ata a los españoles.

Frases como “qué dirán” o “no hago esto por si alguien me está viendo”, sin duda marcadas a fuego en la cultura española, no tienen tanta relevancia en Inglaterra.

Londres y Peter pan: Vivir a Tu Manera

Evidentemente en los últimos años, los hábitos sociales en España han cambiado, pero a ritmo de tortuga si se compara con el resto de Europa.

La crisis y la necesidad vital de apretarse el cinturón consiguió que una casa en alquiler fuese la única opción posible para poder vivir.

En Londres, aunque la gente pueda permitirse la compra de un piso, la opción preferida es el alquiler. De estos muchos prefieren un piso o casa compartido, ¿por qué?

Principalmente son dos los factores. En primer lugar, aquí la gente es más extrovertida en su intimidad, lo que supone que tienen menos complejos, y en definitiva, otro tipo de educación en donde la convivencia está por encima del pudor.

El segundo aspecto, Londres como ciudad de Peter Pan icónica huye de la soledad. Esta ciudad como otras capitales debido a su multiculturalidad, estilo de vida y clima, puede ser un monstruo cuya arma secreta es el aislamiento.

Encontrar pareja estable en Londres supone, a lo poco, una odisea que merece una única entrada sobre el tema. De manera abreviada, podemos decir que el número de solteros y solteras aquí es elevadísimo, incluido en la franja de edad que va más allá de los 35 años.

Por lo tanto, para evitar la soledad y obtener la convivencia característica del núcleo familiar, un piso compartido es perfecto

Gracias a este estilo de vida, la amistad que se genera llega a un estado de fraternidad que va más allá del compañerismo. Consiguiendo así otra característica básica que define a Londres como la ciudad de Peter Pan.

Aunque la forma de vivir de los que comparten piso más allá de los treinta y cinco años, difiere de los pisos de estudiantes o universitarios, en muchos aspectos van de la mano.

Cuando esto sucede aparece la cuestión sobre si el comportamiento de alguien de cincuenta años no debería ser diferente al que tenía con veinte. Londres aquí es muy clara: no. Es la ciudad de Peter Pan.

Londres ofrece libertad absoluta para decidir por cuenta propia qué forma de vida es la que mejor se adapta al individuo y por su inmensidad demográfica, miles de personas compartirán ese estilo de convivencia.

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Hace poco me encontré con un artículo de El País Tendencias, leo más periódicos aunque no lo parezca, y a pesar de que me pareciese una tontería de pieza, encontré un término que hasta ahora no conocía: Adultescente.

Con esta palabra comencé a pensar hasta qué punto la psicología encuentra fallos donde no los hay o, si por el contrario, mi generación y las posteriores sufriremos de esta deficiencia de manera más notable que el resto de individuos en el pasado.

Por Qué las Nuevas Generaciones Somos Más Declives a Ser Adultescentes

De siempre el ser humano se ha ido adaptando a su entono para poder sobrevivir y si nada cambia, en las urbes grandes cada vez habrá un mayor número de personas cuyo estilo de vida difiera poco del que tenían al salir de la adolescencia.

El individualismo es una tendencia en auge cada vez más latente y cuyos frutos son más fáciles de percibir debido a que convivimos con esta corriente desde hace décadas. Eso sin olvidar que el ritmo vital de la sociedad es cada vez más acelerado, lo que ayuda a que se comparta, se propague con más facilidad.

La prioridad del “yo” no ayuda en la estabilidad de las parejas, y nos guste o no, somos animales sociales. Por lo tanto, tiene lógica que en nuestra sociedad, cada vez sea más evidente encontrar un nuevo tipo de unidades familiares, sin ningún vínculo sanguíneo ni conyugal, que busque y dedique parte de su economía en enriquecer sus vivencias personales de la misma manera a como lo haría un padre o una madre con sus hijos.

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Y aquí se enlaza la siguiente característica de una sociedad cada vez más adultescente: tener menos para vivir más.

En ciudades como esta, en donde apenas hay sitio donde almacenar lo que no se necesita, es normal que el individuo prefiera comprar experiencias a objetos.

Por lo tanto, no se ahorra para adquirir un coche, una casa, muebles o incluso de cara a lo que pueda pasar en el futuro. Aquí, la mayoría de los individuos que han llegado a la madurez y se han adaptado a vivir ajenos a una familia en el sentido clásico del término, destinan su dinero a vivir.

Un ejemplo práctico que nos muestra este auge es la consideración de ciertas actividades sociales como bienes de lujo, siendo las vacaciones y el turismo, el sector que más se ha beneficiado. ¿Por qué?

En primer lugar, porque no es lo mismo tener que pagar las vacaciones de una familia que dedicar ese dinero a un solo individuo. Por otro lado, porque al reducir los gastos cotidianos, el presupuesto dedicado a las actividades de ocio se incrementa, y mucho.

Por lo tanto, este estilo de vida, más allá de las implicaciones sociales, como la bajada de los índices de natalidad, no es otra cosa que el “carpem diem” y priorizar en el enriquecimiento personal a través de las experiencias vividas por encima de los bienes materiales y otras cargas económicas que condicionan a los individuos.

Podemos pensar que es egoísta vivir así, pero posiblemente sea la respuesta más realista y práctica a la sociedad que hemos creado y cuya exigencia seguirá aumentando en el futuro.

¿Crees que la sociedad cada vez tiende a ser más individualista?, ¿consideras Londres la ciudad de Peter Pan? ¿también has notado que en tu ciudad los adultos prefieren compartir casa más allá de las necesidades sociales? Tu comentario va aquí debajo. Compártelo.


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